27 DE FEBRERO UNA FECHA QUE CAMBIÓ EL ROSTRO DE CHILE

Escribir y poder dar a conocer mi forma de ver las cosas, siempre ha sido un privilegio. Para mí escribir es más que un pasatiempo, es una bonita forma de compartir algo que uno sabe que es importante. Bueno, hoy empiezo en esto y espero estar con ustedes por mucho tiempo. Soy de San Carlos, pero por razones laborales hoy vivo en Chillán, ciudad que me ha tratado muy bien y desde aquí los saludo a todos y a todas, en especial a esta Revista Electrónica y a su director y amigo Iván Quintana, por permitirme expresar todas y cada una de las cosas que quiero compartir con ustedes. Muchas gracias.

Nuevamente estamos recordando un fatídico día en Chile y en especial las zonas afectadas. Es increíble como pasa el tiempo y ya van tres años del terremoto y tsunami que le costaron la vida a 551 compatriotas. Además, el desastre dejó 500 mil viviendas con irreparables daños estructurales, de las cuales -según las cifras divulgadas por el Gobierno-, han sido reconstruidas en un proceso que alcanza un 85% de avance. Es importante mencionar que dichas cifras fueron refutadas por la oposición. Así lo cuestionó el diputado PPD Patricio Hales, quien las cifró en tan sólo un 44%. Por ello y ante el escenario político donde existen cuestionamientos por un lado y aplausos por el otro, es mejor remitirnos a recordar lo que quedó grabado en el alma nacional.

Hace tan sólo tres años nos despertamos la madrugada del 27 de febrero para apreciar cómo una  gran parte de nuestras vidas cambiaría para siempre a causa del Terremoto y Tsunami. Los 8,8 grados en la escala Richter, cambiaron también las prioridades de nuestra región. Para unos la tragedia significó la pérdida de seres queridos, para otros el trabajo de toda una vida y para miles, una experiencia inolvidable en diferentes medidas, los que supieron levantarse rápidamente y que ayudaron a levantarse a otros.

La reconstrucción es un tema aún en desarrollo, sobre todo en nuestra región, que fue la más afectada por la tragedia, y dentro de nuestra región, los habitantes de los sectores rurales y costeros fueron los que más sufrieron y los que más perdieron.

En el querido y famoso Dichato, la pérdida fue casi total y en general en todas las ciudades de la octava región. Hoy aún es posible apreciar las marcas que dejó el terremoto en sus calles y en sectores aledaños al mar. También es posible ver los efectos que aún persisten en los habitantes. Pero la mirada optimista es sobre lo que se ha avanzado en esos lugares. En las ciudades hemos visto la pronta recuperación de la infraestructura, especialmente en sectores de Penco, Tomé, Concepción, Chillán y muchos sectores rurales de Ñuble.

El terremoto y tsunami dejó profundas y dolorosas huellas en un sector eminentemente turístico del Bio Bio, y era lógico que su atractivo se viera afectado en los primeros meses. Pero hoy esos lugares se han levantado con fuerza para recibir a los visitantes con obras que dan mejores servicios y espacios que los que había antes del terremoto. Según una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Ciudadana el 87,9 por ciento de los visitantes evalúa muy bien la hospitalidad de los habitantes de la Región del Bio Bio y sus servicios.

Una buena noticia para una zona que supo levantarse de la tragedia gracias a la acción solidaria de muchas instituciones que se trasladaron hasta nuestras costas y ciudades, para colaborar con la reconstrucción.  El visitante notará los avances y también las cicatrices que aún no cierran, pero lo más importante es el espíritu de esfuerzo que han puesto sus habitantes para levantarse rápidamente de una trágica madrugada que a todos nos cambió la vida. El terremoto puso de manifiesto nuestras mejores virtudes y también nuestras sombras, lo  importante es que siempre debemos estar preparados para reaccionar ante las inclemencias de la naturaleza que cada cierta cantidad de años nos recuerda lo frágil que somos. Este tercer aniversario lo celebraremos con actitud reflexiva y recordando a las víctimas y sus familias,  con la esperanza de continuar avanzando en los proyectos de reconstrucción, especialmente para que todas las familias afectadas por esta tragedia puedan contar con  sus viviendas reconstruidas,  los espacios públicos  con las seguridades necesarias para enfrentar cualquier futura contingencia, pero eso si, sin olvidar  la permanente educación a la comunidad para saber cómo actuar ante los embates de la naturaleza. Eso es algo para lo que no estábamos preparados, y no nos puede volver a ocurrir. La experiencia enseña y Chile es un gran pedazo de tierra solidaria -contra eso, ningún embate de la naturaleza nos hará poner la rodilla en el suelo- Chile no se doblega, por el contrario, aprende a vivir bajo las condiciones que la naturaleza nos entrega. -Viva Chile-

Escribió para Tejemedios
PAOLA MORALES VARGAS
Abogada Licenciada en Derecho